Hay comienzos en que uno recuerda con nostalgia y otros que terminan en pequeñas anécdotas. Recuerdo que en aquel entonces, la formación para empezar a trabajar con uber apenas duraba 20 minutos. El tiempo justo para unas cuantas indicaciones sobre el funcionamiento de la app.
Escuchar cuatro consejos y una breve explicación sobre cómo recoger pasajeros en el aeropuerto. Después uno quedaba a su suerte. Recuerdo que nada más completar mi primer servicio de descarga en AGP, sonó la app. Mi primera solicitud de recogida en AGP. Conducí al parking express y saqué el ticket. Una vez dentro, me quedé mirando con cara de póker. Para mí era territorio desconocido. No sabía el proceso ni cómo salir de esa situación. Después de unos minutos, decidí aplicar algo que suele funcionar bien, el sentido común.
Aboné el ticket y salí del aparcamiento. Al menos, había conseguido salir del primer laberinto. Me acerqué a otros conductores para preguntar dónde se encontraba el parking de uber. Algunos ni siquiera se molestaron en parar, pero siempre hay excepciones. Apareció un compañero que sí se detuvo. Me explicó las cosas con calma, me indicó el paso y dónde debía dirigirme. Un gesto sencillo, pero en aquel momento significó muchísimo.
Todos hemos empezado alguna vez, todos hemos tenido dudas y más de uno ha buscado el apoyo del otro. El compañero quizá no recuerde que me ayudó. Yo aún recuerdo el gesto de aquel día. En este mundo sobra casi todo, salvo lo más importante, los buenos sentimientos.
Es como todo, quien quiera tocar el cielo debe antes besar el suelo. Creo que ambas cosas las he hecho.
Última modificación: 2 de noviembre de 2026
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